Todos necesitamos salir un poco de la rutina, sobre todo cuando hablamos de excursiones con la clase de educación física. Ya sabes, montar en barco, hacer rutas en bici… está bien, pero llega un punto en el que hacer siempre lo mismo no aporta nada nuevo.
Cuando probé por primera vez una actividad con algo de riesgo controlado, entendí lo que yo, como persona, me estaba perdiendo, y lo que los institutos perdían para sus alumnos. No hablo de aventuras locas, ni de lanzarse a lo desconocido, sino de propuestas que te obligan a estar atento, a confiar más en los demás y, sobre todo, a confiar más en ti. Muchas personas dicen que estos planes son demasiado intensos, pero cuando están bien organizados, con material adecuado y un guía profesional, son más seguros de lo que parece. De hecho, algunas de las experiencias más tranquilas que he vivido han sido en plena montaña, colgado de un arnés o caminando sobre nieve con unas raquetas.
Lo cierto es que estas excursiones me han enseñado más sobre trabajo en equipo que muchas horas en una pista deportiva. Hay algo especial en compartir un reto que depende del grupo.
También creo que la autoestima mejora muchísimo con este tipo de salidas. Cuando alguien, incluso la persona más tímida de la clase, supera una parte complicada de una vía ferrata o baja un tramo de rapel que pensaba que no podría hacer, pasa algo que se nota en su expresión. Es como si por fin entendiera que tiene más capacidad de la que creía.
Hoy, quiero compartir las actividades que mejor funcionan en educación física cuando se busca algo diferente, seguro y que realmente aporte al grupo.
Vías ferratas
Las vías ferratas son una opción que sorprende más de lo que imaginas. Son rutas en las alturas y dan algo de miedo, pero tienen escalones, cables y anclajes que te ayudan mucho, y eso permite que cualquiera lo pueda probar. No digo que sea fácil, pero la sensación de dificultad está controlada. Lo mejor es que el ritmo lo marca el propio grupo, así que no hay prisa y cada tramo permite ver quién necesita un empujón extra o unas palabras de ánimo.
Una vía ferrata muestra una parte distinta de ti mismo: quien normalmente es muy lanzado, aprende a esperar y coordinarse; quien suele estar más callado, termina dando indicaciones súper útiles al resto; y quienes sienten más inseguridad, descubren que pueden moverse con soltura si tienen a alguien apoyando desde atrás. Es una actividad que te obliga a confiar en ti sin dejar de confiar en el grupo.
Además, subir una pared rocosa con la ayuda de un arnés y los anclajes transmite una sensación de control total. Todo está planificado para que la seguridad sea lo primero. Esa estructura ayuda muchísimo a reducir los nervios de quienes nunca han hecho algo así y, cuando llegan arriba, da igual si han tardado diez minutos más que el resto: lo que sienten es real y no se olvida.
En clase, esa subida se nota después en la actitud. La forma en la que se miran cambia un poco, como si se entendieran mejor.
Rutas con raquetas de nieve
Para empezar, caminar sobre nieve sin hundirse ya es bastante satisfactorio. El ritmo suele ser tranquilo, así que nadie siente que tiene que competir o demostrar nada. Eso hace que el grupo converse, comparta sensaciones y vaya creando un ambiente cómodo desde el principio.
En este tipo de excursión aparece la paciencia. A veces hay quien se cansa más rápido o quien necesita un descanso, y el grupo aprende a adaptar su ritmo a quien lo necesita. Parece una tontería, pero saber ir al paso de los demás también es una forma de compañerismo.
Otra cosa que suma es que, aunque el entorno pueda impresionar, el nivel de riesgo es muy bajo si la ruta está guiada y bien marcada. La seguridad está presente en todo momento. Muchos alumnos disfrutan muchísimo al ver la nieve de cerca en una actividad que no requiere habilidades raras ni un gran esfuerzo físico, solo ganas de caminar y de convivir con el grupo. Y si a eso le añades alguna caída tonta que hace reír a todos, mejor aún.
Rapel
El rapel al principio da respeto por la altura, pero, en cuanto aprendes cómo colocar el descensor, cómo usar el arnés y cómo apoyar los pies, entiendes por qué es una actividad tan usada en programas de educación física con riesgo controlado. Es segura, está estructurada paso a paso y permite progresar sin prisa.
Además, te obliga a ir despacio, porque, si bajas muy deprisa, te cansas más y pierdes el control. En cambio, si respiras, escuchas las instrucciones y te concentras, todo va bien. Es curioso cómo esa misma calma luego se traslada a otras situaciones del día a día. Y, de verdad, muchos recuerdan su primera bajada como un momento clave de confianza personal.
También es una actividad que une mucho al grupo. Mientras una persona baja, los demás miran, animan, comentan y hasta celebran cuando alguien que lo estaba pasando mal logra llegar al final. Esa sensación compartida de apoyo se nota en la convivencia de la clase después.
Tirolina
La tirolina tiene un impacto psicológico muy especial: el momento previo al salto suele estar cargado de emociones (nervios, risa, dudas, comentarios del grupo, bromas para aliviar tensión, el instante en el que te dejas llevar…). Y, luego, te sueltas. Y llegas al otro lado súper contento.
El beneficio principal no es la velocidad ni la altura, sino la decisión. Con tienes que aprender a confiar en las personas que lo montan, y ese gesto tan sencillo refuerza la seguridad personal de una manera muy clara.
La confianza en los demás es un aspecto muy bueno que pocas veces se refuerza, y esto te ayuda a conseguirlo de una forma sana.
Espeleología
La espeleología no tiene nada que ver con correr, saltar o trepar al aire libre. Cuando entras en una cueva, la temperatura baja, el sonido cambia y el grupo se une de manera natural. Todos avanzan juntos, atentos a dónde pisan, a veces incluso con algo de miedo, por la enorme roca que tienes encima, y cada persona depende del resto para orientarse y seguir el camino.
Esta actividad fomenta una cooperación muy auténtica. Si alguien necesita ayuda para pasar un tramo estrecho o si debe recibir luz extra, siempre hay un compañero dispuesto a apoyar. También es una forma de aprender a controlar la respiración y no dejarse llevar por la ansiedad del entorno cerrado. Y aunque no suelo recomendar actividades que puedan resultar demasiado intensas, las cuevas guiadas y supervisadas ofrecen una seguridad total.
Además, la espeleología rompe muchos prejuicios, porque siempre hay personas que creen que no pueden hacerlo y que luego acaban disfrutando muchísimo cuando lo consiguen.
Barranquismo
El barranquismo combina saltos controlados, toboganes naturales, pozas, caminatas y descensos. Todo depende del nivel elegido, claro. En educación física se usan barrancos suaves, seguros y bien conocidos por los guías. Lo mejor es que siempre hay risas, participación y cada tramo aporta un desafío pequeño que se supera rápido.
Es perfecto para trabajar la coordinación, porque debes moverte de forma fluida y prestar atención a dónde pones los pies. También mejora la comunicación, porque los compañeros avisan de resbalones, recomiendan dónde agarrarse o explican cómo bajar un paso complicado.
Y, aunque parezca un deporte muy exigente, el hecho de combinar agua y movimiento hace que resulte más ligero y divertido.
Ideas y consejos prácticos para grupos que quieren probar actividades de riesgo controlado
Cuando un grupo se prepara para una salida así, lo primero es ajustar las expectativas. No se trata de demostrar nada, sino de compartir una experiencia. Lo segundo es aceptar que cada persona tendrá un ritmo diferente. Esto es clave, de verdad. No sirve de nada presionar a quien va más lento ni agobiar a quien necesita un minuto extra. De hecho, cuando respetas esos tiempos, el ambiente mejora muchísimo.
De hecho, Tabei, empresa que organiza excursiones de riesgo controlado, aconseja que, cuando un grupo se enfrenta a una actividad de este calibre, lo más útil es acordar, antes del inicio, una señal sencilla para avisar que alguien necesita parar o que no se siente cómodo. Por ejemplo, acordar una palabra clara que todo el mundo entienda para evitar malos ratos a aquellos que van más despacio, así se respeta al que va más lento y se enseña paciencia al más rápido.
Otro punto importante es la comunicación. Hablar claro, avisar cuando algo incomoda y pedir ayuda sin vergüenza hace una diferencia enorme. Y aunque a veces hacemos bromas para disimular los nervios, lo mejor es ser sinceros con el grupo.
El material también importa mucho. No digo que uno tenga que ser experto, pero sí hay que escuchar al guía, revisar el equipo y seguir las indicaciones. A veces creemos que son detalles pequeños, pero en estas actividades la seguridad está hecha de pasos simples que todos pueden cumplir sin dificultad.
El deporte con riesgo controlado tiene un valor enorme en educación física
A veces hace falta salir de la rutina para ver cómo reaccionamos ante algo nuevo, y estas excursiones permiten hacerlo de forma segura, divertida y sin grandes complicaciones.
Si el grupo se anima, la experiencia suele quedarse guardada durante mucho tiempo.
En mi opinión, pocas cosas son tan valiosas como un recuerdo compartido que mejora la confianza y la convivencia.