Asesores energéticos para gestionar la energía

Tanto en las viviendas como en las empresas, existe un gasto fijo e inevitable, además de silencioso, que se acepta como un pago más dentro de los gastos mensuales, sin que se cuestione su origen real. Detrás de cada una de las facturas de la electricidad o el gas, existe o se esconde, más bien, una compleja red de datos y consumos que, para los ojos sin entrenar de los usuarios, se convierte en un galimatías indescifrable. Esto permite que pequeñas ineficiencias técnicas y los hábitos mal adquiridos ejerzan como drenaje de los recursos económicos.

Ese contador refleja más que el uso de los electrodomésticos y la luz, siendo síntoma de que la vivienda o negocio pierde energía por fugas invisibles, equipos mal configurados o potencias mal dimensionadas. Es en ese momento cuando debe aparecer una figura con la capacidad de traducir esos números en acciones concretas; los usuarios descubren en ese instante que han estado pagando por la energía que no han aprovechado y aprenden que el ahorro no reside en la privación, sino en la inteligencia aplicada al consumo.

La figura del asesor energético cobra relevancia, ya que se trata de un técnico muy especializado que se dedica al análisis, la gestión y la mejora del uso de la energía en cualquier entorno, se trate de una vivienda familiar, una gran industria o una institución pública. Su objetivo principal es el de ejercer como consultor energético y buscar el punto adecuado entre el confort necesario y el gasto más bajo posible. No busca la tarifa más económica; es un experto que entiende cómo interactúan los sistemas de las propiedades con el mercado energético. Algo que el común mortal no comprende.

Actualmente, este concepto ha evolucionado hacia el asesoramiento digital y ha dejado de ser un profesional físico que visita las instalaciones; ahora utiliza herramientas digitales que permiten que cualquier cliente tenga un experto a su disposición.

Funciones del asesor energético

Son muchos los que desconocen la existencia y finalidad de esta figura, por lo que hemos consultado con VALS1MON, donde proporcionan energía y servicios integrales para hogares y negocios, como el asesoramiento energético de luz para reducir costes y optimizar el consumo, para conocer con mayor detalle las funciones de estos profesionales. La labor de un asesor energético empieza con una fase de diagnóstico en la que se examinan los patrones de consumo y el estado de las instalaciones. Se dedica a desglosar las facturas, verificar que los equipos funcionen correctamente y detectar los puntos críticos en los que se desperdicia la energía. Una vez detectados los problemas, prepara un plan de mejora a medida en el que se pueden incluir desde pequeños cambios en la rutina diaria hasta propuestas de inversión en tecnología más moderna y eficiente.

Lo que se busca cuando se recurre a estos asesores es ganar en eficiencia energética apostando por la sostenibilidad y reduciendo el impacto ambiental.

A menudo se mezcla o confunde al asesor energético con el instalador o el electricista. Lo cierto es que sus trabajos son diferentes, pero complementarios. El electricista trabaja para hacer que las instalaciones sean seguras y funcionen correctamente, en tanto que los asesores se centran en que esa instalación se convierta en eficiente y económica con el paso del tiempo. El asesor juega con una imagen global en la que se juntan los conocimientos de termodinámica, la normativa actual, el mercado eléctrico y las energías renovables. Esto hace posible que propongan soluciones que van más allá de la reparación técnica. Lo más importante es que saben o deben saber traducir los conceptos técnicos a un lenguaje sencillo que el cliente pueda entender con claridad para que tome la decisión con toda la información.

Estos expertos se convierten en la mejor solución cuando los gastos operativos afectan a la competitividad en las empresas o en las viviendas no se puede mantener una temperatura agradable pagando facturas elevadas. Se encargan de resolver problemas como el mal aislamiento térmico, los sistemas de calefacción o aire acondicionado obsoletos o tener contratada más potencia de la necesaria. Al mismo tiempo, ejerce como intermediario y ayuda a que los clientes entiendan las leyes energéticas y gestionen las posibles ayudas o subvenciones para sus proyectos de mejora.

Para llevar a cabo sus funciones, realiza unas tareas centradas en proporcionar control y claridad sobre el gasto energético de sus clientes. Para ello, analiza los consumos y facturas. Utiliza herramientas de medición y software de gestión para entender cómo, cuándo y dónde se consume la energía. Revisa los periodos de facturación, identifica los picos de demanda y comprueba si la potencia y la energía se ajustan a la realidad.

Mediante comparativas detalladas, detecta las oportunidades de ahorro e identifica el margen de mejora. En el ámbito doméstico, las herramientas digitales permiten comparar el consumo con el de otras viviendas similares, ayudando a determinar si el gasto es o no razonable. Detectar los nichos de ahorro es el primer paso para reducir la factura.

Tras el análisis, propone una hoja de ruta con acciones concretas para encontrar la mejora. Estas pueden ser de bajo coste, como ajustar el horario de uso, o implicar cambios como la sustitución de electrodomésticos. También puede recomendar mejoras en la envolvente del edificio o actualizar los sistemas de iluminación, calculando el tiempo de retorno de la inversión.

También orienta sobre las energías renovables y la electrificación, dentro del marco de la transición energética actual. Evalúa la viabilidad de la instalación de placas solares o aerogeneradores, analiza la integración de sistemas de aerotermia y asesora sobre la instalación de puntos de recarga para los coches eléctricos.

¿Cuándo es necesario un asesor?

Contar con un asesor energético no es siempre necesario, pero existen algunas situaciones en las que su ayuda puede ser determinante para obtener un ahorro energético a largo plazo. Si la factura sube y no se sabe por qué, ya que no ha existido variación en el estilo de vida, es que algo está fallando y el asesor puede identificar si se trata de un electrodoméstico que funciona mal, un problema técnico oculto o una tarifa poco competitiva.

Si se va a realizar una reforma o a cambiar de sistema, es el mejor momento de contar con un asesor energético, ya que puede ayudar a elegir los materiales que maximicen el aislamiento térmico y los sistemas de climatización de alta eficiencia desde el inicio del proyecto. En esta fase, es fundamental determinar la potencia necesaria para no pagar por una capacidad que no va a ser necesaria.

En aquellos casos en los que se está sopesando la posibilidad de instalar placas solares, aerotermia o un cargador de coches eléctricos, es fundamental contar con un estudio de viabilidad profesional. El asesor energético es el profesional cualificado para analizar el tejado, la orientación, los consumos actuales y la necesidad futura para poder dimensionar correctamente la instalación, lo que supone evitar errores que pueden resultar costosos.

Para conocer si existe necesidad de recurrir a este servicio, el usuario se puede fijar en señales de ineficiencia dentro de su entorno. Las señales de consumo ineficiente son indicadores claros, como las paredes frías, los ruidos inusuales en la caldera o facturas que superan la media de otras viviendas similares. Existen herramientas digitales que ayudan a detectar estas señales de forma gratuita y permiten que se visualice el consumo con detalle y se pueda comparar con el entorno.

Se estima que aquellos clientes que recurren a los servicios de asesoramiento energético ahorran una media de un diez por ciento en sus facturas de la luz. Este ahorro se puede conseguir sin la necesidad de realizar grandes inversiones, tan solo ajustando los hábitos o siguiendo los consejos personalizados que proporciona un asesor.

Antes de contratar los servicios de un asesor energético, conviene preguntar sobre su experiencia, las herramientas de medición que utiliza y si es capaz de explicar las conclusiones a las que llegue de forma sencilla. Un buen asesor proporciona control total sobre la energía de la vivienda o empresa al propietario.

Pueden ayudar a bajar la factura de la luz, siendo su objetivo principal, mediante la optimización de la potencia, la elección de la tarifa adecuada y la detección de los consumos fantasma. Orientan sobre el autoconsumo y las baterías, evaluando la viabilidad técnica y guiando a sus clientes en la gestión de la instalación para producir su propia energía con la mayor rentabilidad.

En resumen, los asesores energéticos son profesionales que gestionan la energía de las viviendas o empresas. Para hacerlo, analizan la factura y el contrato, revisando las tarifas, los precios, la potencia y las condiciones; optimizan las potencias contratadas, calculando la potencia óptima por periodo; vigilan las penalizaciones como la energía reactiva, los excesos de potencia y los recargos; validan las facturas antes de hacer el pago, comparando lo facturado con lo consumido; comparan el mercado con los datos, pidiendo y evaluando ofertas; e informan de forma periódica, entregando informes con lo revisado, lo detectado y lo ahorrado.

Un profesional que, como podemos comprobar, cada vez cobra mayor protagonismo en las empresas y viviendas que quieren optimizar el uso de la energía.

 

 

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