He sido profesora desde hace muchos años, tanto de clases particulares como en institutos, y he visto de todo. Pero de todo, TODO: institutos muy bien cuidados que parecen completamente NUEVOS, institutos en mi ciudad que parecía, edificios abandonados (graffitis, grietas…)… Y, leyendo por ahí, vi que hay institutos que también se reforman.
Claro, mujer, pensarás al leer esto, ¡claro que se reforman! Sí, lo sé, pero cada vez que leo «reformas» me viene a la cabeza reformas de baño, de cocinas, de restaurantes… casi nunca pienso en institutos. Y claro, eso me ha hecho empezar a investigar cuándo es necesario reformar realmente un instituto.
Cuando el edificio empieza a verse demasiado deteriorado
Tras muchos años entrando en distintos institutos a diario para dar clases, noto muy rápido si uno está muy desgastado. De verdad, si te fijas, también tú te darás cuenta si caminas por los pasillos y miras un poco tu alrededor. Veo algunas paredes con grietas, a veces veo parcherones de pintura cayendo y, por hacerlo más evidente, el suelo está marcado tras tantos años de uso.
Los institutos se usan muchísimo, y se usan todos los días. ¿Qué pasa? Que tenemos a un montón de adolescentes que no respetan nada, porque estén en esa edad, yendo de un lado a otro, abriendo y cerrando puertas, moviendo mesas y sillas como les da la gana, y claro, al final se rompe todo poco a poco. Al principio casi ni se nota, pero cuando algo se usa mal a diario, se va estropeando y va perjudicando a todo el edificio.
A los estudiantes todo esto les da igual, porque que en la clase haya sillas o mesas rotas, o incluso que la pintura se caiga a cachos, no les importa en absoluto, porque la mayoría de ellos no quieren estar allí y solo quieren irse a pronto a casa. Lo que pase o deje de pasar en ese edificio les trae sin cuidado. Entonces, no cuidan las cosas y todo, TODO sufre: las paredes, los pasillos, las barandillas…
Por eso hay que arreglar cosas a menudo. Quizás no todo a la vez, pero si un día se pintan las paredes, al mes siguiente se cambian las meses de una planta y al siguiente se repara el suelo… el instituto se ve diferente.
Cuando las instalaciones eléctricas se quedan antiguas
Otra cosa que pasa mucho en los institutos, y más amenudo que todo lo demás, es que la instalación eléctrica se va quedando vieja. Antes, cuando mi padre iba al instituto, solo se necesitaba luz para ver cuando el sol se iba. Pero ahora ya no solo se usa la luz, también se ponen proyectores, ordenadores, pantallas, routers… casi todo está informatizado, y la informatización necesita de luz. Corriente. Y una buena y que funcione bien, porque cuando se va, se queda todo paralizado y se interrumpe toda la clase.
¿Qué pasa? Que si un edificio tiene décadas, la instalación eléctrica que tiene es antigua, y puede no ser suficiente para soportar tantos aparatejos: hay pocos enchufes, están mal puestos o no funcionan bien, directamente. Te lo prometo, he estado en clases donde he tenido que enchufar varias cosas a la vez y, de repente, han saltado los plomos y se ha cortado la corriente. Eso, hoy día y en un edificio, es una señal de que se necesita un cambio de sistema eléctrico urgente, porque no es normal que salte la luz con dos o tres aparatos conectados. O necesita instalación nueva, o más potencia en el edificio.
Todo esto es peligroso para los profesores, e incómodo, porque tenemos que andar atentos a que nada se estropee para que los alumnos puedan usar los dispositivos que tengan que usar, sobre todo hoy, que incluso ya se da clases de informática y se necesitan muchos ordenadores para muchos alumnos. Si se tiene este problema, es necesario cambiar los cables viejos, actualizar el cuadro eléctrico y, quizás, poner más enchufes.
Cuando los baños del instituto están muy deteriorados
De todo lo que he visto en un instituto, lo que SIEMPRE veo más deteriorado y estropeado son los baños: azulejos y espejos rotos, baños reventados, tuberías que no funcionan, graffitis, y un montón de cosas más que hasta me dan vergüenza de nombrar. Cuantos más adolescentes adultos haya en ese edificio, peor, porque parece que no soportan tener los baños en condiciones y su misión en la vida es rebentarlos todos, no sé por qué. Quizás es una etapa de rebeldía donde el “no quiero estar aquí” no tiene otra forma de demostrarse que destrozando el baño, no tengo ni idea.
El problema es que, con este nivel de destrozos, arreglarlos hoy significa que mañana van a volver a estar mal, porque es como si a los jóvenes les atrajese de una forma mala que estuviesen en buenas condiciones: se les prende un botón en algún lado de: “romper”. Entonces, para solucionar esto, tendríamos que arreglarlos a menudo, mensual o incluso semanalmente, y no todos los intitutos pueden permitirselo, porque no son reformas pequeñas, sino grandes. Una tubería o un desagüe no es una tontería, por ejemplo.
Pero sí que pienso que, quizás, se podría hacer una reforma en los baños cada X tiempo: cambiar los azulejos rotos cada dos o tres meses, arreglar esas tuberías que no funcionan al menos una o dos veces al año, poner luces en condiciones cuando las rompan… Cositas pequeñas que, aunque las rompan a diario, lo mantienen en un estado aceptable todo el año.
Cuando las aulas se quedan pequeñas para tantos alumnos
Ten en cuenta, además, que muchos institutos se construyeron (bueno, la mayoría) hace décadas, cuando había muchas menos personas en las ciudades. Eso ha hecho, por supuesto, que el edificio sea mucho más pequeño de lo que debería ser en realidad, porque con el tiempo ha ido aumentando la población y el espacio del instituto se ha quedado corto para tanta gente.
Entonces, las clases se quedan pequeñas y hay que meter más mesas y sillas. Eso significa que los alumnos tendrán menos espacio y no estarán cómodos, porque las mesas estarán muy juntas y no podrán moverse dentro del aula en condiciones. Una de las cosas que más he visto sobre esto son aulas con tan poco espacio que apenas se podía caminar entre los pupitres para dar clase, y encima, con las mochilas de por medio, todavía hay menos espacio útil.
En estos casos, pienso que sería bueno una reforma, como tirar tabiques y hacer clases más grandes, que sería lo ideal. También podría, además, reorganizarse el instituto y crear nuevas clases o zonas de estudio, y así todo queda mejor distribuido.
Aunque sea antiguo, si el instituto se adapta al número que hay de verdad de alumnos, se puede dar clases mucho mejor, porque los estudiantes tienen más espacio para trabajar y las clases se pueden dar con más comodidad.
Cuando la ventilación de las aulas es insuficiente
Nadie piensa en la ventilación hasta que empieza a dar problemas. En muchos institutos antiguos es muy difícil que el aire de la clase circule bien, y, como los alumnos pasan toda la mañana dentro, el aire se vuelve pesado y cuesta concentrarse.
Tú imagínate por un momento tener a treinta alumnos, cada uno generando su propio calor y consumiendo oxígeno de la clase todo el tiempo. Pues si las ventanas son pequeñas o el sistema de ventilación es viejo, el aire no se renueva y empieza a oler mal e incluso a costar respirar. Pasar varias horas en estas condiciones cansa muchísimo a los alumnos y a los profes, porque el oxígeno es muy importante para el cerebro, y seguir es mucho más difícil. Aunque intentemos abrir las ventanas o las puertas, el aire no se renueva muy bien en edificios antiguos, apenas se nota de verdad la diferencia.
Yo aconsejo ampliar las ventanas, instalar una forma de ventilación moderna o incluso reorganizar un poquito la circulación del aire en el aula. Son cambios pequeños, pero va a conseguir que el ambiente respire y que los alumnos estén mucho más cómodos.
Cuando los pasillos y zonas comunes están muy desgastados
Los pasillos de un instituto generan muchísimo movimiento, sobre todo cuando se dan los cambios de hora y los chicos tienen que moverse de un sitio a otro, o cuando toca el timbre del recreo y aparecen adolescentes en masa que tienen muchas ganas de ir al patio para jugar o clarlar. Por eso son de los lugares que más sufren dentro del edificio.
Todo esto, por supuesto, desgasta el suelo, y se sueltan las baldosas, empiezan a hacer marcas de arrastre, las paredes se llenan de golpes de mochilas o carros de limpieza… Es normal después de tanto uso, claro, pero da una sensación de abandono si no se arregla cuando puedes.
También sufren muchísimo las escaleras y las barandillas, porque, en cada cambio y recreo, cientos de estudiantes suben y bajan las escaleras a todo correr, sin respetar nada, y eso las deforma y las rompe, y hay que mantenerlas a menudo.
Lo bueno es que, si se mantienen estas zonas, el aspecto del instituto se ve mucho mejor. Solo con pintar, cambiar suelos, mejorar la iluminación o reparar barandillas, el edificio se ve mucho más limpio y cuidado, y todo respira mejor.
Cuando el instituto necesita mejorar la accesibilidad
Los institutos se hicieron hace tantos años que se construyeron en épocas donde no se pensaba demasiado en esos alumnos que no tienen buena movilidad (que van en sillas de ruedas, por ejemplo). No estaba pensado para ellos, y ahora les afecta muchísimo. Cuanto más antiguo es un edificio, más escaleras, pasillos estrechos y puertas complicadas hay para alguien que tiene poca movilidad, porque nadie se complicaba la vida con eso.
Pero ahora eso no es así, porque la ley misma lo exige: todo edificio público debe tener facilidades para el acceso de personas con movilidad reducida. Por eso, si llega un alumno o un profe que necesita silla de ruedas, se nota de inmediato sus limitaciones, y moverse por el instituto se vuelve un lío si solo hay escaleras o puertas muy estrechas. Piensa incluso en el acceso a los baños o las clases, que son inaccesibles para ciertas personas.
Por eso, hacer cambios en la accesibilidad es súper importante. ¿Qué podemos hacer? Poner rampas, ascensores, hacer las puertas más anchas y adaptar los baños. A veces son reformas muy grandes, pero las personas con baja movilidad necesitan esa consideración y tener las mismas oportunidades que el resto de las personas. Es necesario hacerlo por ellos.
Cuando aparecen problemas de tuberías o humedades
Si es viejo, va a tener problemas con el agua fijo, porque las tuberías se van desgastando con el tiempo y salen filtraciones. Esto, en consecuencia, genera humedad en las paredes y en techos.
Encima, en épocas de lluvia se nota mucho más, porque las paredes se llenan de manchas de humedad o empiezan a haber goteras por todas partes. Aunque sea poca cosa en verano, que es cuando NO se da clase, en invierno, con las lluvias, los alumnos pueden pasarlo mal, sobre todo los asmáticos y los que tienen problemas pulmonares (la humedad les va muy, muy mal).
Desde Sinexiasc, empresa de reformas en Alicante, nos explican que muchas reformas en institutos empiezan porque hay muchas filtraciones que obligan a cambiar tuberías y a arreglar ciertas zonas que se han estropeado, porque, si no, el problema no desaparece, sino todo lo contrario. Puede volverse tan grande que sea complicado de arreglar.
Cuando el instituto quiere mejorar la seguridad del centro
Con los años, la seguridad de un instituto empieza a no cumplir con las normas y las leyes de hoy día, y eso puede ser un gran problema.
Por ejemplo, las puertas de emergencia no están bien señalizadas, los sistemas contra incendios no son funcionales para lo que tenemos hoy día o no existen ni tan siquiera las escaleras de evacuación de incendios. Estas cosas no se notan hasta que pasa algo, hasta que hay una emergencia y tienen que utilizarse. Pero, si lo notamos cuando pasa algo, quizás tenga que pasar una desgracia, y eso no es bueno. Es justo eso lo que hay que evitar.
En una reforma enfocada en seguridad, yo aconsejaría revisar y controlar las salidas de emergencia, mejorar y comprobar las alarmas y adaptar las instalaciones a las normas actuales.