He de reconocer que nunca pensé que a mi edad estaría empezando de nuevo. Durante muchos años trabajé en un sector que no me llenaba. Tenía estabilidad, sí, pero también una sensación constante de estar repitiendo los mismos días una y otra vez. Hubo un momento concreto, no sabría decir exactamente cuál, en el que entendí que si no hacía un cambio, iba a seguir igual otros diez o quince años. Y fue entonces cuando decidí reinventarme y apostar por algo que siempre me había llamado la atención: la arquitectura y el diseño.
No venía de ese mundo. Mi formación era muy distinta y, al principio, la idea de volver a estudiar me imponía bastante respeto. Tenía dudas, miedos y muchas preguntas. ¿Sería capaz? ¿Encontraría trabajo después? ¿Valdría la pena el esfuerzo? Aun así, empecé a investigar centros de formación en Madrid que ofrecieran algo práctico, actualizado y conectado con la realidad del mercado laboral. Así fue como conocí Controlmad, un centro de formación especializado en arquitectura y diseño.
Desde el primer contacto me transmitieron algo diferente. No hablaban solo de teoría, sino de proyectos reales, de aprender haciendo, de tecnología aplicada al diseño. Me apunté con la idea de probar, sin demasiadas expectativas, pero con muchas ganas. Hoy puedo decir que fue una de las mejores decisiones de mi vida profesional.
En este lugar de formación me formé en diseño avanzado con Rhinoceros (Rhino3D) y Grasshopper, entrando de lleno en el mundo del diseño computacional y paramétrico. Al principio todo sonaba complejo, incluso un poco intimidante. Pero la forma de enseñar marcó la diferencia. Los instructores, todos autorizados y con experiencia universitaria y profesional, explicaban con claridad y paciencia. No daban nada por hecho y acompañaban el proceso de aprendizaje desde el primer día.
Una de las cosas que más me sorprendió fue el enfoque práctico. No se trataba solo de aprender a usar un software, sino de entender cómo llevar un diseño del ordenador a la realidad. Además cuenta con servicios de fabricación digital desde 2011 y dispone de tecnología CNC, lo que permite fabricar elementos arquitectónicos, mobiliario o maquetas directamente a partir del diseño digital. Ver cómo una idea que nace en la pantalla se convierte en un objeto físico fue, para mí, un antes y un después.
Sin intermediarios
Ese proceso, sin intermediarios, no solo ahorra costes, sino que aporta una precisión increíble. Y lo mejor es que como alumno no eres un mero espectador. Participas, pruebas, te equivocas y corriges. Aprendes de verdad. Esa filosofía de “aprender haciendo” fue clave para que ganara confianza y entendiera los procesos digitales y paramétricos de forma profunda. La verdad es que me vino muy bien.
El ambiente del centro también influyó mucho. Compartía aula con personas de perfiles muy distintos: arquitectos, diseñadores, ingenieros y gente como yo, que veníamos de otros sectores buscando una segunda oportunidad profesional. Esa mezcla enriquecía las clases y los proyectos. Además, el equipo formador tiene experiencia en campos como la ingeniería estructural, el arte o la industria, lo que aporta una visión muy amplia y realista del diseño contemporáneo.
Poco a poco empecé a sentir que estaba adquiriendo habilidades reales, útiles, demandadas. No era solo una sensación personal; se notaba en los proyectos que desarrollábamos y en el nivel de exigencia. Controlmad está claramente a la vanguardia de la innovación tecnológica en arquitectura y diseño, y eso se refleja en la formación que ofrece.
Cuando terminé mi formación, llegó el momento de enfrentarme al mercado laboral. Reconozco que tenía nervios, pero también algo que antes no tenía: seguridad. Sabía manejar herramientas avanzadas, entendía los procesos de fabricación digital y podía aportar soluciones creativas a problemas complejos. No pasó mucho tiempo hasta que encontré trabajo. De hecho, el perfil técnico y práctico que había desarrollado encajaba perfectamente con lo que buscaban muchas empresas.
Hoy trabajo en un entorno que me motiva, donde sigo aprendiendo cada día y donde siento que mi trabajo tiene sentido. Mirando atrás, me doy cuenta de que reinventarse no es fácil, pero es posible cuando encuentras el lugar adecuado para formarte. Para mí, ese lugar fue este centro de formación especializado en arquitectura y diseño en Madrid que no solo me enseñó nuevas herramientas, sino que me ayudó a cambiar de rumbo profesional y a confiar de nuevo en mí mismo.
Espero que este artículo, en el que me he abierto, sirva para las personas que, como yo, no saben por dónde ir. La verdad es que merece la pena seguir y cambiar. La palabra reinventar tiene que ser obligatoria.