Si deseo contratar a un extranjero, ¿tiene los mismos derechos que un español?

extranjero

A veces pensamos que la ley es igual para todos, pero hasta que no aparece la palabra “extranjero” no empiezan las dudas. Las he tenido yo y las ha tenido mucha gente a mi alrededor. ¿Tiene los mismos derechos? Deberían, pero… ¿es realmente así? ¿Puedo contratarlo igual que a un español? ¿Qué pasa si no tiene papeles? ¿Quién se hace responsable si algo sale mal?

 

¿Qué significa ser un extranjero en España?

Lo primero es aclarar de qué hablamos cuando decimos “extranjero”. En España, a efectos legales, es extranjero quien no tiene la nacionalidad española. Da igual si viene de un país cercano o lejano. Y dentro de ese grupo hay muchas situaciones distintas.

Hay personas extranjeras con permiso de residencia y trabajo en regla. Otras están en proceso de conseguirlo. Algunas tienen solo permiso de residencia. Y otras, directamente, no tienen autorización administrativa.

Como empleador o como persona interesada en el tema, es importante saber que no todas las situaciones son iguales. La ley distingue mucho, y esas diferencias afectan a la forma de contratar. Pero una cosa conviene dejarla clara desde el principio: cuando un extranjero trabaja legalmente en España, sus derechos laborales son prácticamente los mismos que los de cualquier trabajador español.

 

Derechos laborales básicos

Si un extranjero tiene autorización para trabajar y firma un contrato, entra de lleno en el sistema laboral español. Eso significa que tiene derecho a:

  • Un salario acorde al convenio aplicable: debe recibir lo que marca la normativa para su sector y categoría, sin descuentos injustificados.
  • Una jornada laboral regulada: las horas de trabajo tienen límites y deben respetarse los descansos establecidos.
  • Vacaciones pagadas: tiene derecho a un periodo de descanso anual con salario garantizado.
  • Descansos semanales y festivos: debe poder descansar al menos un día a la semana y disfrutar de los días festivos que marque la ley.
  • Cotización a la Seguridad Social: su trabajo contribuye a su protección social, incluyendo paro, jubilación y bajas médicas.
  • Protección frente a despidos improcedentes: no puede ser despedido sin una causa justificada y con el procedimiento adecuado.
  • Baja médica y prestaciones: en caso de enfermedad o accidente laboral tiene derecho a recibir asistencia y compensación según corresponda.
  • Seguridad y salud en el trabajo: el empleador debe garantizar condiciones seguras y prevenir riesgos en el lugar de trabajo.

No es opcional ni negociable, no depende de la nacionalidad, del acento ni del pasaporte: depende de la ley laboral española. Muchas personas creen que a un trabajador extranjero se le puede pagar menos o exigir más. Eso es ilegal. Y además de ilegal, injusto.

 

El contrato de trabajo

Cuando contrato a un extranjero con permiso de trabajo, el contrato que firmo es el mismo que firmaría con un español. No hay contratos “especiales” por ser extranjero. Puede ser indefinido, temporal, a tiempo completo o parcial, según lo que permita la normativa laboral.

El contrato debe respetar el convenio colectivo del sector y cumplir todas las obligaciones habituales. No hay atajos legales por el hecho de que la persona no haya nacido aquí.

Además, el trabajador extranjero tiene derecho a recibir copia del contrato, a entender sus condiciones y a que se le expliquen sus derechos. El idioma no puede ser una excusa para aprovecharse de esa persona.

 

Seguridad Social y cotizaciones

Un trabajador extranjero dado de alta cotiza igual que cualquier otro. Tiene número de afiliación, genera derechos y contribuye al sistema.

Esto es importante porque muchas personas piensan que contratar a un extranjero “sale más barato”. No es así si se hace bien: las cotizaciones son las mismas, y las obligaciones, también.

Desde el punto de vista del trabajador, cotizar significa protección futura: paro, jubilación, incapacidad, bajas médicas. No se le está haciendo ningún favor a esa persona, es su derecho.

 

¿Y si el extranjero no tiene permiso de trabajo?

Aquí entramos en un terreno delicado. Un extranjero sin autorización para trabajar no puede ser contratado legalmente. Si se hace, la empresa se expone a sanciones muy graves.

Pero esto no significa que esa persona no tenga derechos. Incluso en situaciones irregulares, la ley reconoce ciertos derechos laborales básicos, sobre todo en lo que respecta al salario por el trabajo realizado y a la protección frente a abusos.

El problema es que muchas personas en situación irregular trabajan en condiciones muy duras porque tienen miedo. Miedo a denunciar, miedo a perder lo poco que tienen, miedo a ser expulsadas.

Y aquí conviene decirlo claro: aprovecharse de ese miedo es una forma de violencia.

 

Los derechos humanos no dependen de un permiso

Hay algo que no deberíamos olvidar nunca: antes que extranjeros, trabajadores o números de expediente, estamos hablando de personas. Las personas extranjeras también sienten cansancio, miedo, ilusión y frustración. También tienen familias, responsabilidades y sueños. También enferman y se rompen la espalda trabajando.

Tratar con dignidad y respeto a un trabajador extranjero es cumplir con algo mucho más básico que con la ley: es cumplir con tu empatía. Mañana podrías ser tú quien tenga que irse a otro país, quizá buscando trabajo, estabilidad o simplemente una vida mejor. Y entonces te gustaría que te trataran como a un igual, no como a alguien de segunda.

No todo es legalidad, hay una parte ética que no debería negociarse.

 

Inspecciones de trabajo y control administrativo

La contratación de extranjeros está sujeta a controles. La Inspección de Trabajo puede comprobar si el trabajador tiene permiso, si está dado de alta y si se respetan sus condiciones laborales.

Esto no debería verse como una amenaza, sino como una garantía. Garantía para el trabajador, que evita abusos. Y garantía para la empresa, que hace las cosas bien.

Cuando todo está en regla, no hay nada que temer.

 

Diferencias entre derechos laborales y derechos administrativos

Aquí suele haber mucha confusión. Una cosa son los derechos laborales y otra los derechos administrativos en materia de extranjería.

Un trabajador extranjero puede tener los mismos derechos laborales que un español, pero no los mismos derechos administrativos. Por ejemplo, no puede votar, puede tener limitaciones para cambiar de empleo o depender de la renovación de su permiso.

Esto no afecta a su salario, a sus vacaciones ni a su jornada. Afecta a su situación legal en el país.

Separar estos dos planos ayuda a entender mejor el tema y a no mezclar conceptos.

 

Renovaciones, cambios de empleo y estabilidad

Muchos permisos de trabajo están ligados a un tipo de contrato o a un empleador concreto. Esto genera una dependencia que no siempre es justa.

Perder el trabajo puede suponer, además, perder el permiso de residencia. Esa presión hace que algunos trabajadores aguanten situaciones que no aceptarían en igualdad de condiciones.

Por eso es tan importante que las empresas sean responsables y que los trabajadores conozcan sus derechos. La estabilidad laboral no debería ser una amenaza constante.

 

La importancia de informarse bien antes de contratar

Contratar a un extranjero no es complicado si se hace con información y sentido común. El problema viene cuando se improvisa o se actúa desde el desconocimiento.

Conocer la normativa evita sanciones y, sobre todo, evita situaciones injustas. Nadie gana cuando se hacen las cosas mal.

 

Un apunte práctico desde la experiencia jurídica

En este punto quiero dejar una reflexión práctica que he visto repetirse muchas veces. Desde el ámbito del Derecho de Extranjería, profesionales con experiencia suelen insistir en algo muy concreto: antes de iniciar cualquier contratación, hay que revisar bien la situación administrativa del trabajador y asegurarse de que el permiso permite trabajar en ese puesto concreto.

La experta Abogada Ana Gonzalez, especializada en esta materia, lo resumen de forma muy clara: “Muchas sanciones y problemas se evitarían si empresas y trabajadores revisaran con calma el tipo de autorización, su vigencia y sus límites antes de firmar nada. La ley protege al trabajador extranjero, pero exige que las contrataciones se hagan correctamente desde el inicio”.

 

Igualdad real en el día a día laboral

Más allá del papel, la igualdad se nota en lo cotidiano. Se refleja en cómo se reparte el trabajo, cómo se habla con todos, cómo se respetan los horarios y descansos, en la participación de cada miembro y en la valoración de las tareas de cada persona.

Un trabajador extranjero no debería sentirse observado, cuestionado o menospreciado. La integración laboral empieza en los gestos pequeños y en la manera en que tratamos a cada compañero todos los días.

 

Cuando el problema no es la ley, sino la actitud

La normativa española es bastante clara en materia de derechos laborales. El problema suele estar en la actitud de algunas personas.

Pensar que alguien vale menos por venir de fuera es una idea peligrosa. Normalizar sueldos más bajos o jornadas interminables también lo es.

Cambiar esto no depende solo de leyes, depende de decisiones personales y empresariales.

 

Me gustaría dejar claro en algo que parece que no le entra demasiado bien a los demás

Cualquier PERSONA tiene los mismos derechos laborales que un trabajador español, y que un americano, y que un ruso. Porque, independientemente de dónde vengamos, o a dónde vayamos, todos somos PERSONAS, y ninguna persona es ilegal en ninguna parte del mundo.

¿Qué pensarías si tu hijo se mudase a América y lo trataron como a un ilegal? A veces, cuesta menos pensar en los demás cuando intentas ver cómo te sentirías tú mismo.

Piensa en ello.

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