Cada día encontramos en más lavanderías y tintorerías de nuestra ciudad el sello “Eco”. Tanto en lavanderías de autoservicio, como en tintorerías y lavanderías industriales. En lo que se refiere a este sector, no es un mero recurso de marketing. Implica un compromiso real con el cuidado del planeta. Aunque tal vez no seamos del todo conscientes, este servicio es contaminante. Deja una huella de carbono considerable.
Las lavanderías industriales están a pleno rendimiento durante todo su horario comercial. En ocasiones, incluso, cuando están cerradas al público. Prestan servicio a hoteles, restaurantes, residencias de mayores, hospitales, industrias alimentarias… Donde en ocasiones tienen que seguir programas de lavado bastante exigentes. Esto implica un consumo desmesurado de agua y electricidad. Tal y como están las cosas, puede que desmesurado.
Cuando llevamos un traje a la tintorería, no solo lo limpian en seco. Dependiendo de los casos, para eliminar esas manchas profundas, emplean productos químicos que pueden ser nocivos para el medioambiente. Mi madre me decía que utilizaban tintes especiales. No sé si será cierto. Lo que sí es probable es que algunos de estos productos sean más agresivos que muchos de los productos de limpieza que tenemos en el hogar.
Hoy, por suerte, dentro del sector, hay un grupo de establecimientos que están optando por sistemas de limpieza más respetuosos con el medioambiente. Lo pueden hacer, entre otras cosas, gracias al avance de la tecnología. Puesto que ahora encontramos lavadoras y secadoras más eficientes energéticamente. Consumen menos agua y electricidad en cada lavado. También vemos la existencia de detergentes y limpiadores biodegradables. Que no dejan rastro en el medioambiente. Su presencia es probable que sea más significativa en la limpieza industrial que en la doméstica.
Vamos a ver a continuación cómo las lavanderías y tintorerías dañan el planeta, y qué alternativas se están usando en el sector para minimizar estos daños.
Desperdicio de agua.
El blog Conforama informa que una lavadora de 7 kg gasta como mínimo 42 litros de agua por lavado, llegando a consumir hasta 62 litros. Este es un estudio que el blog hace sobre las lavadoras domésticas. También indica que es complicado determinar con exactitud la cantidad de agua que gasta una lavadora. Depende del modelo de electrodoméstico, de la duración del programa y de la temperatura a la que pongamos el agua. Lo que sí parece es que hay una variable que incide directamente. Y es la capacidad de carga de la lavadora. A mayor capacidad, más cantidad de agua utiliza.
Las lavanderías industriales están usando una gama de lavadoras que van de los 10 kg, que suelen ser las lavadoras de los autoservicios, a los 60 kg.
Según el fabricante de calderas Ariston, en una ducha corta de 5 minutos, cualquiera de nosotros gasta entre 50 y 90 litros de agua. Más o menos lo que una lavadora doméstica de 7 kg en un lavado. En una ducha de 10 minutos, podríamos gastar entre 150 y 200 litros. Lo que podría ser que gastara una lavadora industrial de tamaño medio.
Ahora hagamos el cálculo de una lavandería con una docena de lavadoras a pleno rendimiento durante 8 horas al día. Sin hacer demasiadas cuentas, un solo establecimiento podría gastar tanta agua como todos los habitantes de un bloque de edificios duchándose al mismo tiempo. Todo eso, durante 20 o 22 días al mes. El consumo de agua es significativo.
El agua, por desgracia, es un bien escaso. Y más por los periodos de sequía y de altas temperaturas a los que nos estamos viendo sometidos por el cambio climático.
Gasto de electricidad.
Según datos facilitados por Repsol, una lavadora industrial tiene un gasto de entre 2 y 2,5 kWh por ciclo. Esto significa que un negocio mediano de lavandería industrial o autoservicio se puede plantar perfectamente en un consumo de 10.000 kWh al mes. Todo depende de la cantidad de trabajo que gestione.
En estos momentos, las lavadoras domésticas más eficientes tienen un gasto de 1 kWh por ciclo de lavado. Las lavadoras industriales siempre gastan más porque tienen una capacidad de carga significativamente superior y porque suelen trabajar a temperaturas más altas.
Aquí volvemos a colocarnos en el mismo supuesto de antes. Mientras que en una casa estándar como mucho se ponen una o dos lavadoras al día y, por lo general, no todos los días, en una lavandería industrial las lavadoras están funcionando permanentemente. Es más, las máquinas han sido diseñadas para un uso intensivo. Por lo que el gasto eléctrico se dispara.
Hay varios factores que influyen en la cantidad de electricidad que gasta una lavadora industrial. El primero es la capacidad de carga. A mayor carga, más electricidad. También influye la temperatura del lavado, la duración del ciclo, la dureza del agua y el mantenimiento.
Poniendo las lavadoras a plena carga, un negocio de este tipo ahorra electricidad de manera considerable. Jugar con la temperatura de los lavados es otra baza. Reducir la temperatura del lavado en 10º puede representar un ahorro del 40%. Por otro lado, llevar un buen mantenimiento de las máquinas, con filtros limpios, piezas en buen estado y una revisión periódica de toda la maquinaria, puede implicar un ahorro de energía considerable. Al tiempo, que se previene la aparición de averías.
El consumo de electricidad es significativo en lo que se refiere al cuidado del planeta, puesto que la mayor parte de la electricidad que usamos procede de la quema de combustibles fósiles.
Microplásticos en el lavado.
La página web de Girbau México, un fabricante de maquinaria para lavanderías industriales, nos advierte de un problema preocupante en los lavados de ropa, tanto a nivel doméstico como, sobre todo, a nivel industrial. Es la presencia de microplásticos en el agua que se vierte al alcantarillado después de los lavados.
Los microplásticos eran unos elementos de los que apenas se hablaba hace unas décadas. Sin embargo, hoy son considerados unos de los agentes más dañinos para la vida en el planeta y para la salud del ser humano. Su principal amenaza estriba en que son difíciles de filtrar y que pueden perdurar durante décadas. El agua que las lavadoras vierten a los desagües puede terminar transportando microplásticos a los acuíferos, aunque sufran un proceso de depuración antes. Estos microplásticos pueden terminar en el interior del pescado que consumimos o contaminar las frutas y verduras que comemos. Algunos estudios recientes estiman que ingerimos, sin saberlo, entre 39.000 y 52.000 partículas de microplásticos al año.
Lo más curioso es que los microplásticos presentes en los lavados no proceden de detergentes ni de productos que se utilizan en la limpieza, sino de la ropa que usamos. Tejidos sintéticos como el poliéster se han convertido en el material más abundante en las prendas con las que nos vestimos. En cada ciclo de lavado, estas prendas de ropa liberan microplásticos que acaban en el agua.
Se estima que una planta de lavado puede verter 21.000 millones de fibras microplásticas al año. Solo en EE. UU. y Canadá se vierten al océano 800 toneladas de residuos plásticos microscópicos cada año. Un asunto invisible que se ha convertido en una preocupación medioambiental de primer orden.
Disolventes y fosfatos.
El uso de disolventes y fosfatos está estrictamente regulado en la lavandería industrial debido a su alto impacto ecológico. La tendencia es sustituir los detergentes y productos de limpieza habituales por otros biodegradables, fabricados a partir de productos naturales, que no dañan el medioambiente. Sin embargo, como nos cuenta la revista Limpiezas, este es un cambio al que una parte de la industria se resiste. Ya que los procesos de extracción y certificación de estos ingredientes son más caros que la petroquímica convencional.
Durante mucho tiempo, en la limpieza en seco, se han utilizado disolventes derivados del petróleo como el percloroetileno, con una alta capacidad de solvatación. Que, como nos explica la página web italiana RCM, penetra dentro de las manchas, las disuelve y crea una película que evita que la suciedad vuelva a adherirse a la fibra. El problema de este y otros disolventes es que son cancerígenos y pueden penetrar en el subsuelo.
La presencia de fosfatos en los detergentes ha sido habitual hasta hace poco. De hecho, lo sigue siendo porque es un ingrediente relativamente económico. La función de los fosfatos era la de regular la cal del agua, para facilitar una limpieza más profunda. Los fosfatos atrapan los iones de calcio y magnesio, presentes en el agua corriente, evitando que interfieran en la acción de las moléculas tensioactivas.
El problema de los fosfatos es que son tóxicos cuando terminan depositados en los acuíferos, ya que fomentan la proliferación de algas, que agotan el oxígeno del agua y alteran la flora y la fauna autóctona.
Uno de los hándicaps a los que se enfrentan los detergentes biodegradables es que no son tan efectivos para tratar las manchas difíciles y la suciedad incrustada como lo eran las opciones más antiguas. Aun así, la industria está invirtiendo en investigación para buscar nuevas soluciones.
Otro modelo de lavandería.
Frente a la lavandería industrial tradicional, donde hemos visto que existen todos estos problemas: desperdicio de agua, gasto excesivo de electricidad, vertido de microplásticos y uso de detergentes agresivos con el medioambiente, se está imponiendo otro modelo de lavandería, en la que, gracias al uso de una maquinaria más eficiente y a la apuesta por detergentes biodegradables, adoptan un compromiso activo por cuidar el planeta.
Los avances tecnológicos han sido decisivos para que se pueda abrir paso a este modelo de lavandería ecológica. Muchos de estos centros utilizan lavadoras que se adaptan al tipo de prendas, al material de los tejidos y a los niveles de suciedad, optimizando el uso de agua y electricidad, según estas características.
Los gerentes de The Laundry Hub, una lavandería de autoservicio de este tipo, localizada cerca de la Plaza de les Glòries, en Barcelona, dicen que con este planteamiento el usuario sale ganando. Ya que las máquinas proporcionan una limpieza más personalizada, que cuida las prendas de ropa y dejan un tacto más suave y agradable.
El empleo de ciclos de lavado cortos, pero efectivos, es otro de los rasgos que se están imponiendo en este tipo de lavanderías. Ningún lavado dura más de una hora. Por lo tanto, la cantidad de agua y de electricidad se reduce considerablemente.
Esta tendencia está llegando también a las lavanderías industriales. Donde se utilizan máquinas que tienen una mejor eficiencia energética y que ahorran electricidad en cada servicio. Repsol opina que invertir en tecnología, mediante la compra de máquinas con clasificación energética A, o con tecnologías innovadoras como las lavadoras por ozono, es una buena política para que una lavandería industrial cuide el medioambiente.
En términos generales, las lavanderías eco son una minoría, pero es una tendencia que se está abriendo hueco en el sector.
Hacia un consumo más responsable.
El cuidado del planeta y la protección del medioambiente es una inquietud cada vez más arraigada en el conjunto de la sociedad. La forma en la que se está haciendo evidente el cambio climático está derribando una a una, todas aquellas barreras que se intentan levantar para no verlo. De una manera o de otra, sentimos que cada uno de nosotros tiene un cierto grado de responsabilidad. Queremos poner nuestro granito de arena. Por eso, cuando vemos que una empresa o un servicio adoptan una postura de defensa del medioambiente, la apoyamos. Simpatizamos con ella. Sentimos que está alineada con nuestros valores, que vibra en la misma frecuencia que nosotros. Y, por tanto, compramos sus productos o contratamos sus servicios.
Pero somos cada vez más exigentes. Ya no nos vale con ver la etiqueta “eco” o el distintivo verde. Nos informamos sobre el producto. Cada vez conocemos mejor la problemática y tenemos más elementos de juicio. Sabemos distinguir cuándo algo, de verdad, cuida la naturaleza, y cuándo es una estrategia de marketing.
Cada día estamos más comprometidos con cuidar nuestro planeta. A nivel personal, solo lo podemos hacer con pequeños gestos. Con reciclar en casa, con coger el transporte público, y con, por qué no, usar lavanderías ecológicas.